¡Apañan a operador de la sombreriza echándose una firma en la calle!

 Del discurso a la patrulla: la noche que terminó mal para un operador del Movimiento del Sombrero



La política michoacana volvió a demostrar que la realidad suele escribir mejores guiones que cualquier estratega de campaña.

Y sí, Carlos Manzo lo hizo bien, pero al parecer los que buscan hacerse de un nombre en la política colgándose y aferrándose del Movimiento del sombrero, cada día lo hacen peor 

Fue Mariano Sánchez Farías, exdiputado federal y colaborador del Movimiento del Sombrero, terminó detenido en Morelia luego de protagonizar un episodio que, según el reporte oficial, comenzó junto a un Jetta, continuó con unas copas de más y concluyó en compañía de la Guardia Civil y la Guardia Nacional.


De acuerdo con las autoridades, el exfuncionario fue sorprendido realizando necesidades fisiológicas en la vía pública. Hasta ahí, una falta administrativa. El problema vino después, cuando presuntamente decidió cambiar la discreción por los insultos, las amenazas y el clásico recurso que nunca pasa de moda en la política mexicana: "¿sabes quién soy yo?".


Según el informe, las supuestas influencias no surtieron efecto, los uniformados no se impresionaron y la situación escaló hasta derivar en un forcejeo que terminó con el exlegislador asegurado.


Por si al guion le faltaban ingredientes, una mujer que se identificó como su pareja llegó al lugar para reclamar a los agentes y protagonizar otro momento de tensión antes de que el vehículo fuera retirado.


El episodio adquiere relevancia porque ocurre en medio de semanas agitadas para el Movimiento del Sombrero, cuyos liderazgos han ocupado titulares por confrontaciones políticas, reformas electorales y acusaciones cruzadas.


Al final, la moraleja parece sencilla: una cosa es encabezar movimientos contra el sistema y otra muy distinta convencer a una patrulla de que las reglas no aplican para ti.


Ahora será la autoridad correspondiente la que determine responsabilidades. Pero en términos de imagen pública, la noche terminó mucho peor que cualquier resaca.